
Con acciones grupales para contener enfrentamientos y actos de violencia se dio hoy lo que las redes sociales han llamado "La Marcha de los paraguas". Más allá de la admirable resistencia, lo que el frío y la humedad ponen en escena es una fuerte convicción política. Nadie está jugando, se trata de demostrar fuerza, me dice con claridad un joven secundario que marcha con los zapatos envueltos en bolsas de basura.
Pienso que es sabio mantener los pies secos. Seguimos avanzando y los lienzos chorreando agua no parecen importar. La columna es muy larga y compacta, las defensas contra la lluvia hacen que la multitud adquiera un aspecto diferente, que parezca más unida.
La consigna de este mar de paraguas también se hace más compacta y se sintetiza en aquello que el gobierno no va a negociar: NO MÁS LUCRO. Les pregunto a estudiantes del Liceo Confederación Suiza qué les parecen las ofertas hechas ayer por el ministro Bulnes, -"más de lo mismo"- es la respuesta. ¿Y ustedes qué quieren? -Una consulta nacional por el fin del lucro- me responden mientras corren a un paradero para fumar un cigarro.
Me acerco a una batucada donde el remedio para el frío son frenéticos bailes, que le dan color y energía a la multitud. Me pregunto que harán cuando dejen de bailar, que ganas de tener fondos de sopa para ofrecerles como gesto de agradecimiento al final del día.
Para agitar las consignas les pregunto que creen que va pasar con los planes del gobierno para los que quieran volver a clases, me miran incrédulos. -Tal vez sea lo mejor que los que no están ni ahí tengan soluciones. Pero hasta ahora no han jodido-, me dice desafiante una chica de pelo rojo.
Los miro a ellos, y a muchos como ellos mientras pasan orgullosos de ser tantos y pienso que opción tiene el Gobierno. ¿Qué hace un gobierno intransigente cuando enfrenta a una mayoría convencida?¿Puede apostar al desgaste del movimiento?¿Si es consultada la ciudadanía será capaz de dar su apoyo a la lucha estudiantil?¿Qué harían los defensores de la consulta nacional si tienen que inscribirse en los registros para poder votar?
La táctica del desgaste queda en entredicho ante la masividad de la marcha de hoy. Pero la unidad no es una tarea fácil. El movimiento tiene líderes y también tiene a aquellos que no quieren que los conduzcan. Hasta ahora han convivido en un mismo espacio político quienes están dispuestos a arriesgar todo y levantar mecanismos de deliberación y quienes creen que es tiempo de levantar organización revolucionaria.
La consigna del fin al lucro equivale al desafío de cambiar todo, es la demanda de una sociedad de mercado que quiere evolucionar. Precisamente porque la promesa hecha durante veinte años de que la educación era el motor de progreso individual no funcionó.
La tarea es inventar la igualdad democrática en época de crisis global.
Por ahora la protagonista es una multitud compacta, que cambió las reglas del juego. Que se fogueó en el movimiento pingüino del 2006 y que nos ha dotado de un relato para cerrar la democracia de los consensos, para pensar una vital democracia de los acuerdos. Reinventar Chile será un largo proceso, pero la determinación de desafiar la vigilancia y 20 años de mal tiempo presagia días de sol.
Con toda ingenuidad pienso en lo difícil que será prender barricadas con este aguacero, pero frente al tema de las manifestaciones de violencia el movimiento ha hecho un movida magistral: exigir respeto para quienes marchan por miles. Los twitter cuentan de una profesora parando a los violentos.
Cuando voy en el metro me muero de ganas de iniciar un diálogo entre extraños y dejo caer un - Impresionante la marcha ¿no?-, nadie me responde hasta que una señora mayor me dice: -hoy toca golpear cacerolas, ¡ojala la lluvia no tape el ruido!-
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