Por Rosario Puga
El 10 de mayo El Quinto poder convoco al seminario "No basta con Twittear", un evento que invitaba a reflexionar sobre el papel que están jugando las redes sociales en la vida común. Sin duda las entradas al tema son diversas y todas muy validas. En conjunto plantean la valoración de una herramienta de comunicación que ha cambiado las prácticas de intercambio de opinión, abriendo camino a la creación de vínculos para la acción política que han impactado en el contexto de una sociedad donde las formas de organización y de participación se renuevan con mucha dificultad. En ese contexto las redes sociales han puesto velocidad a los intercambios y han incidido.
Sin embargo su valoración desde la perspectiva de los campos de comunicación requiere mirarlas también en relación al sistema de medios con el cual se desarrolla nuestra vida política. Un sistema con una propiedad altamente concentrada, que determina una pauta también concentrada.Que impone la necesidad de evaluar la práctica de las redes sociales en relación a la problemática de la libertad de expresión que marca a nuestra país.
Hasta ahora sólo las radios comunitarias estimulaban la participación activa de las ciudadanos en los flujos de comunicación.Los medios dominantes prescinden del lugar de las audiencias, estableciendo perversas estructuraciones entre lo que forma su oferta y lo que se supone los usuarios necesitan.Y si bien las redes sociales no han modificado de manera definitiva los circuitos de comunicación, la han dado un entorno de opinión pública activa que es a mi juicio el verdadero potencial democratizador en especial de Twitter.
La influencia y el potencial de las redes sociales dentro del sistema de medios de comunicación no es sólo que puedan influir en las pautas informativas de la mass media.También es relevante la reelaboración critica de sus mensajes que operan en las redes, que por cierto dedican a los contenidos de los medios de comunicación un alto porcentaje de su producción.
Esto no quiere decir que no incidan en otros ámbitos como los de creación de grupos de presión o acción.Se trata de su valoración específica desde la problemática de la liberta de expresión, donde a mi juicio lo más valioso es la práctica habilitante de un entorno de opinión externo a los medios y sus intereses para configurar representaciones de lo ciudadano con lo diverso y contradictorio que puede tener.
Desde esa perspectiva las redes sociales operan una transformación que alienta una interacción con los medios que es nueva y cuyo impacto en sociedades silenciadas como la nuestra obviamente es muy importante. Sin embargo sería un error suponer que el lugar de los ciudadanos se pueda acotar al uso de las redes y por lo tanto la pluralidad de la palabra pública queda resuelta.
Una cuestión obvia pero existe la tentación de pensar el potencial de las redes sociales como “el factor” que resuelva la problemática del acceso al debate público de los grupos de menos poder. Pero no es así. La lucha por la libertad de expresión debe incluir el acceso y los intercambios libres en la práctica de red pero no puede reemplazar la demanda de un sistema de medios de comunicación de recepción gratuita y universal, garantizado y al servicio de las y los diferentes actores que componen el tejido social.
En esa perspectiva el potencial de las redes para recrear los circuitos de intercambio debe desarrollarse asumiendo que sus usos (aun los más privados) se dan como parte de una disputa con las representaciones dominantes que instalan como hábitat los “otros” medios. Medios a los que se tiene derecho.
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