
El Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile realizó un informe llamado “Análisis de la cobertura y tratamiento de conflictos indígenas 2010‐2011”, a raíz de las varias huelgas de hambre de comuneros mapuche, y de las reivindicaciones del pueblo Rapa Nui. En opinión del investigador José Miguel Labrín, “los medios tienden a hacer de esta cobertura algo meramente informativo, coyuntural y sin ninguna clase de seguimiento”.
Un poco de historia
El tema es complejo y tiene un sin fin de matices. Ciertamente la prensa ha avanzado sustancialmente desde los editoriales racistas con que en el siglo XIX se justificó la “Pacificación de la Araucanía”, o se promovió la asimilación forzada de las poblaciones del norte que se incorporaron al país tras la Guerra de Pacífico.
“Esto no es un estudio histórico, y lo que yo podría plantear es que el tema indígena constantemente ha sido complejo para la cobertura, particularmente porque obliga a mirar una diversidad, sobre la cual socialmente nos hemos negado a considerarla parte de un proyecto identitario nacional. Gran parte de las formas en que la prensa cubrió este conflicto en el siglo XIX estaban marcadas con ciertas ideas racistas presentes en el ideario de dicho periodo”, manifestó.
Para Labrín es con el retorno a la democracia, cuando se empieza a configurar el actual escenario mediático en el que los pueblos indígenas en general, y el mapuche en particular, son referidos habitualmente desde el conflicto. “En mi opinión esto se acentúa hacia el final de la década de los noventa, donde principalmente asociado al caso Ralco, se problematiza la relación de tema indígena con desarrollo, de reconocimiento indígena con política cultural o entrega de terrenos, es donde más se empieza a visibilizar esta postura editorial tan marcada con el estereotipo del indígena, tan orientada hacia una política más ligada a la superación de la pobreza versus el tema del reconocimiento de la diversidad cultural. Ese es el gran periodo en que la prensa toma postura hacia una crítica de la política indígena”, sostuvo.
Los años posteriores están marcados por frecuentes enfrentamientos en La Araucanía, y por el comienzo de la aplicación de la Ley Antiterrorista durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos. Sin embargo, desde el punto de vista de los medios, mejora la cobertura sobre el contenido de las demandas de los actores indígenas y se visibiliza la necesidad del reconocimiento de la diversidad cultural. Se empieza a hablar con respeto de pueblos originarios, “tierras ancestrales”, “deuda del Estado” o “nuevo trato”, pese a que una gran cantidad de notas son de carácter policial.
El estudio sobre la cobertura de los conflictos 2010-2011
La investigación de la Universidad de Chile siguió las publicaciones de los periódicos El Mercurio y La Tercera de Santiago, junto a El Mercurio de Valparaíso y el diario Austral de Temuco en la huelga de hambre de varios comuneros mapuche que se prolongó entre junio y octubre de 2010, en la ocupación de terrenos en Isla de Pascua que diversos clanes mantuvieron entre agosto y diciembre de 2010. Y la segunda huelga de hambre mapuche que se prolongó por 87 días a inicios de 2011.
Tanto El Mercurio de Valparaíso como el diario Austral de Temuco son parte de la cadena de diarios regionales de la empresa El Mercurio, sin embargo, existen diferencias en la cobertura que en opinión de Labrín tienen que ver con los diferentes públicos locales. “Particularmente en el diario Austral nos encontramos con algunos elementos interesantes, donde la cobertura no solamente por la cercanía generaba un mayor speech informativo, sino que también nos pareció mucho más relevante el tipo de lenguaje que utilizaba, mucho más cercano al mapudungun, había enfoques un poco más diversos. Por lo tanto hay matices respecto a las características que tiene cada diario en relación a su público, pero también con respecto a la matriz editorial que está detrás de la cadena de El Mercurio”, explicó.
Pero en sus líneas centrales el informe diagnostica una falta de debate público, en el que la pura información no es suficiente ante la necesidad de debatir e intercambiar ideas en una perspectiva más intercultural.
“Este conflicto se traduce cuando algunas de las agrupaciones indígenas transgreden cierta norma, por ejemplo en el caso de la huelga de hambre se pasa a llevar la integridad de la vida de las personas, y en el caso de Rapa Nui la propiedad privada como un derecho garantizado por la Constitución, ahí, en ese conflicto empieza la cobertura. Una debilidad constatada es que los medios tienden a hacer de esta cobertura algo meramente informativo, coyuntural y sin ningún tipo de seguimiento. Este periodismo de la prensa escrita en ambas cadenas tiende a orientarse hacia el dato, el hecho concreto, la espectacularidad del conflicto, y no a procesar la información en términos de propuestas, de diálogo, de debate público. Entonces hay una simulación de debate público a través de la información”, concluyó Labrín.
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