Es en extremo probable que la interpretación de los resultados de las elecciones municipales del domingo estén cargadas por una omisión: la lectura de la crisis de legitimidad de la política y de los políticos. Muy probablemente será más fácil fustigar el voto voluntario y decir que la baja en las urnas es efecto de haber permitido que las y los ciudadanos ejerzan sin temor su derecho a no votar.
Si se impone ese análisis será fácil acusar a quienes desisten de votar de hacerle el juego a la derecha. De hecho, el tono de quienes han fustigado la decisión de no ejercer el mencionado derecho suena a fundamentalismo legalista. Impregnado de la idea de estar renunciando a un poder personal exquisito y a un protagonismo irrepetible. Y permítanme discrepar, más allá de los grados de politización que pueda tener no participar el domingo, lo cierto es que no hay nada nuevo en los liderazgos ofertados y eso refuerza la indiferencia dominante.
Yo con mi fe a ultranza en la autonomía veo la encrucijada con otros ojos. La guerra twitera no me afecta porque vengo soportando por años el argumento por antonomasia de los votantes convencidos: el que no vota ,no puede opinar. Y aunque a la supuesta líder de la abstención la encuentro bien poco carismática, no creo que sea posible adjudicar a la politización ultra de los sectores que representa la que será con toda seguridad una baja en las urnas Sinceramente me preocupan otras claves y creo que es necesario tensionar el análisis porque lo que hemos visto los últimos días suena adelanto del chantaje que viene.
Algunos sondeos no oficiales demuestran que la correlación de fuerzas en los gobiernos locales no va a cambiar. En Santiago se perderían las candidaturas más vistosas de la concertación. En ese sector no habría avance y al menos en la región metropolitana -pacto de omisión mediando- se perderán los candidato comunistas en masa. En la otra punta la UDI le dará paliza a sus socios de la alianza y conservaría el carácter de partido más votado a nivel nacional. Aunque existe la posibilidad que sea humillado en uno de sus más queridos feudos capitalinos.
Si el universo electoral se ve disminuido también será fácil para los vencedores desconocer que la representación está en crisis. También ellos podrán echarle la culpa al voto voluntario. Pero la derecha viene creciendo artificialmente hace rato, la diferencia es que hasta hoy al amparo de las cifras electorales de padrón cerrado, se hace auto bombo sobre su condición de primera mayoría. Pero les guste o no si la abstención aumenta también les tocara ajustar la calculadora y asumir la verdadera dinámica de representación donde transcurre la política.
Claro que el tema de la legitimidad a la mayoría del sector le interesa muy poco pero el ajuste de los grados de representación como expresión del malestar será lo más relevante de los resultados.
La derrota de la concertación de producirse debe mirarse como la crisis de una generación en el poder que ya no convence a cuenta de una supuesta superioridad moral que la hace mejor que la derecha. Así que creo que lo que va a prueba no es el espíritu cívico de la ciudadanía es su pérdida de adhesión a una democracia clientelista. La formula se agoto y no querer ver eso es el verdadero suicidio político que muchos pueden cometer el 28.
Y para los “candidatos ciudadanos” que se alejan del llamado duopolio, la cuestión es si los puentes se han creado y la génesis de la representación desde el mundo social es un protagonismo pendiente.
Lo cierto es que habrá que poner paños fríos porque es sabido que los resultados de las elecciones locales no se pueden extra polar a otras elecciones pero la ciudadanía va hablar y corresponde escuchar. Pero como decía al inicio de este comentario lo más lamentable es que sólo habrá recriminaciones y no se abrirá un debate serio, así que por favor busque una brújula porque todos van a perder el norte.
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